viernes 26 de febrero de 2010

¡Coge el dinero y corre!

¡Coge el dinero y corre! La jubilación LOGSE como quiebra moral
Tribuna de opinión publicada en la revista ESCUELA sobre y contra la demanda sindical de prórroga de la jubilación anticipada e incentivada de los profesores a los 60 años de edad o 30 de servicio (también llamada jubilación LOGSE, o jubilacio LOE). 25 de febrero de 2010.
Disponible clicando aquí o copiando en el navegador la dirección:
http://www.scribd.com/doc/27513461/%C2%A1Coge-el-dinero-y-corre-La-jubilacion-LOGSE-como-quiebra-moral

El dedo y el idiota

Ayer fue Ibarretxe quien tuvo dificultades para hablar en la Universidad Autónoma de Barcelona, increpado por una decena de estudiantes. Le acusaban de 'torturador', y no por haber ninguneado a las víctimas de ETA sino como imaginario cómplice de las seguramente imaginarias torturas a los nada imaginariamente asesinos etarras. 'Antes en la prisión que español, no como éste", parece que dijo uno de los energúmenos que, por lo visto, había superado la selectividad.
Una semana antes había sido Aznar quien tuvo que soportar al consabido grupo de energúmenos en la Universidad de Oviedo, perfectamente organizados para reventar el acto. Que el discurso del exprensidente fuera su típica letanía de descalificaciones, como lo ha sido siempre y lo es más hoy la política de su partido en la oposición, no cambia el hecho de que lo que tenía enfrente era pura y simplemente facismo. Sí, fascismo: quienes creen que el fascismo no es tal si no lleva camisas pardas o toma prestado un lenguaje de izquierdas olvidan que, antes de tomar el poder y convertirse en regímenes totalitarios, los fascismos fueron siempre movimientos populistas, demagógicos, de ideología confusa, que meclaban ideas de derecha e izquierda (por ejemplo, nacionalismo y socialismo: nazismo), entusiastas de la acción directa y especialmente inclinados a reprimir la libertad de expresión.
Pues bien, basta con que el grupillo fascistoide de turno tome como objetivo a un político de la derecha para que mucha izquierda busque como loca la manera de celebrarlo. Y esto es lo que ha sucedido aquí, aprovechando la ocasión brindada por el gesto del dedo enhiesto de Aznar. El gesto, desde luego, no está en la etiqueta, es siempre harto discutible y debería ser tabú para los cargos públicos y no sé si para los ex. Pero no dejaba de ser un gesto, el mismo que todo el mundo usa de vez en cuando, incluso en la intimidad, y hasta podría interpretarse como una posibilidad de sustituir lo que era la respuesta debida, es decir, la policial.
Pero lo realmente preocupante me parece el largo desfile de voces públicas que, esta vez desde la izquierda (en su día le tocó pasar lo mismo -y sin gesto- a Felipe Gonzélez, entonces en la UAM, con la alegría y la connivencia de la derecha), han encontrado execrable y se han lanzado a analizar el gesto del exmandatario pero no han tenido una palabra para los energúmenos que querían impedirle hablar, como si fueran pobres amordazados que no tenían otra forma de expresar su disconformidad fuera del acto o incluso en el mismo.
Dice un refrán indio que cuando el dedo señala la luna el idiota mira el dedo. Esta vez, el dicho se ha cumplido sólo a medias: el dedo, desde luego, no señalaba a la luna, pero el idiota sí que miraba el dedo. O quizá no sean idiotas, lo que sería aún peor.
Claro que, teniendo en cuenta que llevamos seis años esperando oír a Rajoy llamar a Zapatero "señor presidente", incluso apenas "presidente", en vez del habitual y contextualmente insultante "señor Zapatero", ¿de qué puede quejarse el PP?

jueves 25 de febrero de 2010

Desarrollo profesional docente: algunas (pocas) curiosidades

Acaba de publicarse el informe de la encuesta Desarrollo  Profesional de los Docentes, según ellos mismos, realizada por la empresa IDEA para la FUHEM. La mayor parte de los resultados no tienen mucho interés porque entran de lleno dentro de lo previsible, pero hay algunos  que llaman la atención.
Entre lo previsible está que consideren que la formación inicial es mala, que Magisterio mejorará cuando sea una carrera de cuatro años, que el nuevo máster de secundaria será mejor que el CAP, que los mentores son una buena idea y deben beneficiarse de una reducción en su horario lectivo pero su opinión no debe pesar en la evaluación del funcionario en prácticas; que la mejor formación permanente es lq que se da en los centros; que su sueldo es inadecuado y que la evaluación no debería influir en él. Y poco más, pues la encuesta es asombrosamente chata y rutinaria y deja de lado casi todo lo esencial de la carrera docente: motivos de su elección, grado de satisfacción, evolucón de la imagen de sí, dedicación laboral, tiempo en formación permanente, alternativas al funcionariado, movilidad funcional y geográfica, influencia de la edad, etc.
Un elemento a señalar es, en cambio, la visión sistemáticamente más positiva que tiene de todo el profesorado de la enseñanza privada frente al de la pública, practicamente en torno a cualquier asunto (salvo en cosas lógicas como la condición funcionarial -cuyas mieles no han probado-, el peso de la antigüedad en las oposiciones -o sea, los privilegios de los interinos- o la posiblidad de que la evaluación se traduzca en diferencias salariales -ellos sí tienen jefes, y cerca-).
Cuando se les pregunta por su sueldo, cada uno cree que el suyo es malo y el del otro es bueno. El porcentaje de quienes creen justa la diferencia entre los sueldos de secundaria y de primaria es doble entre los profesores de aquélla (76,3%) que entre los de ésta (40%)... lástima que no se les preguntara también sobre la diferencia entre universitaria y secundaria, a ver si también. La diferencia entre pública y privada parece justificada al 40,9% en la primera pero sólo al 4,3 en la segunda.
Finalmente, el 85,9% está de acuerdo en que la formación sea obligatoria para el docente, demanda que, atendiendo meramente a su contenido positivo, va más allá de las actuales políticas, que sólo hacen de ella una condición para los sexenios, etc. Y el 74,5% está de acuerdo en que la evaluación también lo sea, lo que contrasta con la resistencia sistemática de muchas de sus organizaciones.

miércoles 3 de febrero de 2010

Los demás que no se jubilen, pero yo sí

Hace dos días oí a Celestino Corbacho en un informativo: el retraso de la jubilación se abordará de manera flexible (que supongo quiere decir diversificada) porque "no es lo mismo dar clase que subirse a un andamio". Según lo oía me dije a mí mismo: mañana responden enfurecidos los sindicatos del gremio. No los de la construccion (que estarán contentos), sino los de la educación. Y, como no podía ser menos, se ha lanzado al trapo ANPE, siempre ajena a cualquier escrúpulo.

La cantinela se puede imaginar: la profesión docente es de las más estresantes, etc., por lo que debe mantenerse la jubilación anticipada. Por si alguien no lo sabe, los profesores podemos jubilarnos anticipadamente, pero sin pagar del todo el precio. En la enseñanza no universitaria se ofrecen hace ya dos decenios las jubilaciones LOGSE, que pasaron a llamarse jubilaciones LOE y pronto serán rebautizadas como jubilaciones Pacto por la Educación, supongo, que permiten acogerse a la jubilacion anticipada con 30 años de servicio y 60 de edad (o para ser exactos, al terminar el curso en el año en que se cumplen los 60, de manera que los más afortunados hasta con 59 años y 5 meses).  La pecuiaridad está en que el Ministerio y las Consejerías asumen el pago de incentivos con los que compensar los ingresos perdidos por la anticipacion del retiro. Los sindicatos del sector coinciden en demandar que este privilegio excepcional, aunque ya renovado, se convierta en definitivo, y por supuesto ni quieren oír hablar de postergar la edad de jubilacion.

En la enseñanza superior se está empezando a hacer lo mismo, aunque dada la autonomía de las universidades, no en todas, a distintos ritmos y de distinta manera. En general, aquí hay menos prisa por jubilarse, porque la caída de ingresos es más fuerte.

Lo que resulta estomagante es que las organizaciones del sector no salgan del "¿Qué hay de lo mío?" Se puede hacer un buen argumento sobre en torno a que muchos profesores no pueden o no quieren dar clase más allá de cierta edad (no ya próxima a la jubilación, sino mucho antes, pues se trata de un trabajo cara a cara que puede volverse cuesta arriba para muchos por muy distintos motivos). Pero es impresentable la propuesta de que los profesores puedan jubilarse con treinta años de servicio cuando ya se acercan a los noventa de esperanza de vida. Y es que entre dar clase como a los treinta y vivir de la pensión como a los ochenta hay unas cuantas posibilidades intermedias, como atender otros servicios y tareas relacionados con la educación (actividades lectivas más breves y especializadas, bibliotecas, funciones administrativas…).

La propuesta más sensata la ha hecho la OCDE: indexar la edad de acceso a la jubilación. ¿A qué? Eso sería la segunda parte, pero la idea brillante es indexarla: a la esperanza de vida, a la tasa de actividad, a la siniestralidad de la profesión, etc. Lo absurdo es que la misma edad de jubilación impere medio siglo antes y después, con independencia de los cambios en la esperanza de vida y las condiciones de salud; para todas las profesiones, con independencia de su atractivo intrínseco, sus condiciones de trabajo o su siniestralidad; para todos los trabajadores de un colectivo, con independencia de sus inetereses y sus deseos personales.