sábado 27 de agosto de 2011

La brecha digital se desdibuja

    El último informe de PewInternet está dedicado al uso de los servicios de redes sociales (SRS, o SNS por sus siglas en inglés: social network services) por la población adulta. No hace mucho que se consideraba que MySpace, Facebook, etc. eran cosas de adolescentes, pero el informe revela un espectacular aumento de su uso entre los adultos. En general, las usan la mitad de los adultos y las dos terceras partes de aquellos que tienen conexión a internet. El auge ha sido espectacular, pues en 2005 sólo lo hacían el 5% de los primeros y el 8% de los segundos. Sólo el correo electrónico y los buscadores son utilizados con mayor frecuencia.
    Más interesantes aún son los datos sobre las desigualdades en el uso, aunque en realidad debería decir sobre la igualdad.

  • Las mujeres las utilizan más que los hombres: 69 vs. 60%. No hay aquí, por tanto, brecha de género.
  • Como era de esperar, el uso guarda relación inversa con la edad, del 83% de los jóvenes adultos de 18 a 29 años al 33% de los mayores de 65 años. Pero el uso crece más rápidamente entre los mayores.
  • Raza o etnia no se asocian a diferencias significativas, o al menos no para los grandes grupos. Los hispanos (63%) las utilizan un poquito menos y los negros (69%) un poquito más que los blancos (66%), en todo caso diferencias sin significación estadística. 
  • La renta familiar no tiene ninguna influencia significativa, pues el uso es de hecho el mismo en los extremos. No existe, pues brecha de clase, si la renta es un indicador.
  • El nivel de educación tampoco tiene influencia significativa. Se utiliza más en los extremos: 68% de los que no tenen secundaria y 67% de los licenciados y algo menos en el medio: 61% de los titulados en secundaria y 65% de los que tienen sólo algún año de educación superior. Tampoco hay brecha de clase si el indicador es éste.
  • También son mínimas las diferencias asociadas al hábitat: 67% en medio urbano, 65% en el suburbano y 61% en el rural. Lo mismo.
    Lo interesante de este estudio, aunque referido sólo a los Estados Unidos, es que en él parece desvanecerse la brecha digital en sus distintas versiones. De género no la hay, o es la contraria de la prevista, pues las mujeres superan a los hombres. Esto no significa que no haya contrastes o diferencias. Hace unos días twiteé una estadístca sobre el uso de Google+: 86.3% de varones y 12.5% de mujeres. Queda abierto, pues, el debate sobre qué usos hacen unos y otras, a qué ritmo se incorporan, etc.
     Que la edad se asocie a diferencias no debería de sorprender a nadie. De hecho es lo que todo el mundo espera, tanto por su propia evidencia anecdótica (D. José, Pepe y Pepito) como por aparentes perogrulladas como la distinción de Prenski entre nativos e inmigrantes digitales. Pero lo interesante de los datos de Pew es que el uso de los SRS por los adultos de mayor edad crece más rápidamente y, por tanto, se reduce la diferencia, aunque todavía exista. Esto nos lleva a la cuestión de si la diferencia es etaria o es generacional, es decir, si de debe a la edad en sí misma (a los mayores les cuesta más) o a la diferencia de experiencias (unos nacieron en otro mundo y otros en éste). Como parecía razonable, la diferencia resulta ser más generacional que etaria y las desigualdades entre grupos de edad se van cerrando (lo que no significa que no se puedan volver a abrir con la próxima generación de usos de la internet, por ejemplo cuando llegue la esperada web 3.0).
Las diferencias de clase, que eran el centro de la alarma sobre la brecha o fractura digital (digital divide), simplemente no asoman. No hay diferencias entre los grupos definidos por su nivel de ingresos, su nivel educativo o su hábitat. Es cierto que los grupos definidos en la encuesta son muy amplios, de modo que si se utilizasen categorías menores más de detalle, probablemente sí que aparecerían diferencias notables, al menos para el extremo inferior; es decir, si separásemos a los más pobres entre los pobres, a los que apenas tienen educación o a los que viven en verdaderos ghettos, seguramente estarían bien apartados del resto. Pero la teoría de la brecha no decía que los grupos más marginales se quedarían a la zaga, algo que puede darse por sentado casi para cualquier estructura social, sino que se introduciría una gran divisoria entre grandes grupos: ricos-pobres, clase media-clase trabajadora, educación superior-media, etc. Lo que, al menos con estos datos, no sucede.
Las diferencias étnicas, en fin, tampoco asoman, y en los Estados Unidos etnia y clase se superponen en gran medida, y la etnia es vista como la principal línea de división social, al menos por lo que concierne a grandes minorías como negros e hispanos.
Por supuesto que se trata de indicadores bastante superficiales: sólo el uso frente al no uso, sólo los SRS, sólo diferencias entre grandes grupos. Si se observasen indicadores más sofisticados es probable que (re)aparecieran diferencias. Por ejemplo, quién usa Facebook, dedicado más bien a la socialidad cotidiana y elemental, y quién Linkedin, más asociado a la vida laboral y profesional; quién escribe y quién lee; quién hace un uso más activo o mas pasivo; quién utiliza y quién no otras aplicaciones más avanzadas; quién produce y quién consume, etc. Pero, aun así, la línea general de evolución es clara: las redes sociales en particular, y la internet en general, parecen tener una dinámica más participativa e igualitaria que otras instituciones que se jactan de ello, pero no lo demuestran, tales como los medios de difusión tradicionales o la escuela.

miércoles 24 de agosto de 2011

¿Tope de déficit en la Constitución? De entrada, no. Referéndum.

He firmado hace un ratito la petición de un referéndum para aprobar (o no) la reforma de la Constitución con la introducción de un tope al déficit, como propone Zapatero y suscriben Rajoy y el resto (excepto Llamazares-Lara, pero ése es un reflejo que se puede dar por descontado).
No digo que no a poner un tope consitucional al déficit. No me gusta la idea, porque soy bastante más keynesiano que friedmaniano, pero tampoco creo que sea un pecado mortal ni contra la democracia ni contra el Estado social. El tope al déficit no es automáticamente un techo al gasto, sino la obligación de ingresar más si se quiere gastar más, lo cual supone decir quién paga cada vez que se gasta, en vez de decidir gastar y luego ya
 veremos quién paga, o quién deja de cobrar, que muchas veces será el más débil. No significa que se vayan a recortar los gastos en sanidad o educación, ni cualesquiera otros gastos sociales, aunque mucha gente así lo crea (gato escaldado huye del agua fría), sino que para aumentar cualquier gasto hay que decir de dónde vendrán los ingresos. 

En eso sí que soy 'neolib': me gusta, y mucho, el viejo análisis de Buchanan y Tullock, Creo, incluso, que una temporada con tope de déficit resultaría muy educativa, pues terminaría con la vieja e irresponsable práctica de pedir sin decir de dónde sacar lo que se pide. Por si alguien no lo había notado, así es como se reparten aquí los recursos. Cada cual clama sus presuntas necesidades, no importa que sean los bancos pidiendo ser salvados de su propio desastre o los profesores pidiendo jubilarse antes que los mortales, pues ninguno se preocupa de explicar de dónde saldrá el dinero, ni cuánto quedará para los demás.
Pero creo que una reforma así, la primera desde la aprobación de la Constitución y exigida por 'los mercados' y por los grandullones de la UE, requiere el consentimiento expreso del electorado. Como ya han señalado otros, resulta hiriente que no se haya podido tocar la constitución para dar clara visibilidad a la igualdad de género (aboliendo la preferencia masculina en la sucesión a la corona), ni para proclamar el carácter federal del Estado español (aunque que de hecho ya lo sea), ni para reformar la ley electoral... y ahora se quiera hacer, aprisa y corriendo y por la puerta de atrás, para satisfacr a las oscuras fuerzas económicas o a las potencias de la UE
El debate previo al referéndum también sería, por cierto, una magnífica ocasión para propiciar el debate público sobre las grandes cuestiones económicas, forzando a las fuerzas dentro del sistema a afinar y explicar sus posiciones y a las fuerzas fuera de él a explicitar y desarrollar sus alternativas.
A día de hoy (lo que no quire decir que no se pudiera cambiar al cabo de unos pocos años y al paso de una profundización de la integración política y la democracia en la UE) tal vez la mejor solución fuera aprobarlo, pero en todo caso por la vía del referendo. Los de mi generación notarán en todo esto un cierto sabor de dejà vu, pues fue exactamente el proceso por el que entramos en la OTAN, tan justamente denostada entonces pero que tan útil le ha resultado estos meses al pueblo libio.
Por consiguiente: ¿Tope de déficit en la Constitución?
DE ENTRADA, NO: REFERÉNDUM.

jueves 11 de agosto de 2011

Sobre el PIR y los Pirulos, o sea, el profesorado interno y residente


 Beatriz  Enríquez Villarejo, de La Gaceta, me envió unas preguntas sobre el "Profesorado Interno y Residente" del que tanto se viene hablando desde que lo propuso Rubalcaba. Nada que se reconozca en el sesgado, pobre y caótico artículo que salió luego: "Profesor interno residente: otra medida que llega tarde a España." Las reproduzco a continuación.

1. ¿Qué aplicación práctica tendría este MIR para profesores? ¿En qué beneficia a los futuros profesores y a los alumnos?
En la actualidad un profesor se incorpora al aula, habitualmente a la más difícil del centro, sin apenas formación práctica y ni sus colegas ni su centro tienen obligación efectiva alguna de darle apoyo. Por otra parte, una vez que se incorpora ya es inamovible para el resto de sus días. Beneficiaría a los profesores que quieren hacer un buen trabajo (no a los que buscan una sinecura) y a todos los alumnos. 
2. ¿Qué ventajas y qué inconvenientes surgen de la propuesta?
La ventaja aparente es que permitiría formar mejor al profesorado desde el principio y evaluarlo mejor antes de que sea tarde, o sea, seleccionarlo. Inconvenientes no le veo, aunque sí costes y problemas. Costes, porque supone incorporar a esos profesores a tiempo parcial al aula, aunque su retribución podría ser menor que la de un profesor de pleno derecho (aunque debe ser suficiente para una vida independiente, ya que es un trabajo a tiempo completo); también se habla ya de pedir retribución para los tutores, pero me parece cínico, ya que va a ejercer dentro de su tiempo de trabajo. Problemas, por el riesgo de que, como tantas otras reformas, ésta pueda ser neutralizada por la burocracia institucional, profesional y sindical.
3. ¿Cree que el fracaso escolar se debe a la escasa formación del profesorado? ¿Cuáles son, a su juicio, los errores del sistema educativo que provocan tan elevada tasa de fracaso escolar?
El fracaso escolar se debe a múltiples causas, entre las cuales la formación del profesorado es sólo una, pero esto no debería impedirnos intentar atajarla. En mi opinion es una de las causas más importantes. Otras son los criterios de evaluación, los efectos perversos de la repetición, la desconexión de la escuela con los nuevos medios y redes de información, conocimiento y aprendizaje y, por supuesto, las desigualdades sociales anteriores o paralelas a la escuela.
4. ¿Cuál es la situación de España respecto a otros países europeos en cuanto a  selección del profesorado se refiere?
En Europa y en el mundo existen toda clase de fórmulas, pero España se distingue por algunos aspectos como el excesivo poder de los claustros, la falta de evaluación real del profesorado y la falta de competencias de los directores y las autoridades locales para contratar, evaluar, promover y despedir profesores.
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Lo de PIR y Pirulos es cosecha aparte. J.A. Aunión, de El País, publicó días antes otro artículo que tituló "Llega el PrIR: profesor interno residente". Pero, si es que efectivamente llega, no creo que lo haga con esas siglas de difícil pronunciación, a pesar del loable esfuerzo del periodista. El gremio, ya se sabe, tiene una especial habilidad para poner motes a las nuevas figuras, generalmente con un toque de rechazo. Recuérdense los fofos (formadores de formadores) y fofitos (formadores), los ascensores (asesores), los rácanos (responsables de área y ciclo) y demás. Antes de que los llamen pirados, pirómanos o algo peor, propongo pirulos, que al menos suena cariñoso.

miércoles 10 de agosto de 2011

Mejor Sol que Tottenham, ¿verdad? (1ª versión)


Déjá vu. Cambian los actores, los efectos especiales, las formas de comunicación, pero la historia se repite como si se tratara de sucesivos remakes de la misma película, un mismo guión reproducido una y otra vez porque nadie parece aprender de su desenlace. La acción que arranca hoy en Tottenham lo hizo ya en Brixton en 1981 y, a la vez que en Tottenham, en 1985 y en Saint-Denis y Clichy-sous-Bois en 2005; en España hubo un amago en los barrios sevillanos de Amate y Los Pajaritos en 2002; en los Estados Unidos podrían buscarse paralelos con los disturbios de Newark en 1967 o Los Ángeles en 1992. Pero volvamos al viejo continente.
El guión se repite con pocas variaciones. Una acción policial que es percibida como una provocación por los jóvenes de un barrio particularmente castigado por la crisis, el desempleo y la falta de oportunidades. El incidente en sí no importa mucho: puede tener todos los visos de un crimen policial, como el reciente acribillamiento de Mark Duggan; puede haber sido todo lo contrario, como el malentendido en torno a la prestación de socorro por la policía a Michael Bailey, herido en una pelea, en Brixton en 1981; o puede tener mucho de fatalidad, como la electrocución accidental de tres jóvenes (dos muertos) cuando querían evitar un control policial en Clichy-sus-Bois, en 2005. En última instancia, los detalles de la pequeña historia –aparte del drama humano-importan muy poco, tanto si responden a la realidad como si resultan desfigurados de forma maniquea para servir de legitimación a la revuelta, porque lo que hace de ella la gota que colma el vaso es un escenario continuado de arbitrariedad policial. En 1981 fue la Operación Ciénaga (swamp… ¡ay, las palabras!) de la policía inglesa contra la delincuencia juvenil, amparada por la sus law (por suspected), que le permitía parar, registrar e incluso arrestar a cualquir sospechoso de violar ¡la sección 4 de la Ley de Vagabundaje de 1824! (sí, como nuestra Ley de Vagos y Maleantes de 1933). En Francia, Sarkozy, entonces ministro del interior, acaba de proclamar la tolerancia cero, anunciando que usaría la kärcher (máquina limpiadora de agua a presión) contra la racaille (escoria, chusma), a raíz de unos incidentes previos en Saint-Denis, y la policía había aumentado los controles preventivos (o abusivos) sobre los jóvenes de las periferias urbanas.
En Tottenham no se da hoy la misma brutalidad policial de 1981, aunque sí que ha habido un aumento de los controles; la historia que se repite es más bien la de 1985, cuando Cynthia Jarret murió a causa de un golpe durante un registro policial en su domicilio; una semana antes otra mujer había recibido un disparo policial en Brixton, cuando la policía buscaba a su hijo en el domicilio familiar. Entonces, como hoy, la policía no supo en los primeros días dar una explicación convincente de lo sucedido, como demandaban las familias y las comunidades afectadas, y el clima se enrareció rápidamente hasta estallar en la peor revuelta. En el caso de Tottenham, la policía ni siquiera confirmaba la muerte de Duggan a la familia cuando los titulares de prensa y los informativos no hablaban de otra cosa, lo que se interpretó, no sin razón, como una manifestación de desconsideración y racismo (es norma de Scotland Yard no comunicar una muerte a la prensa antes que a los familiares).
Otro aspecto del panorama es el recorte de los servicios y prestaciones sociales dirigidos a los jóvenes. En 1981 y 1985 campaba por sus fueros en el Reino Unido Margaret Thatcher, estrenando políticas neoliberales. En 2005 gobernaban Francia Chirac y Villepin. Ahora gobierna el Reino Unido una coalición conservadora-liberal que, como corresponde a su naturaleza, se ha dedicado a recortar los servicios sociales, sobre todo aquellos que no se asocian a la necesidad abyecta y desmotrable que suele requerir el modelo británico de bienestar. Aunque este aspecto ha sido ignorado y hasta negado por la prensa y eludido hasta el momento por los políticos británicos, su realidad es indiscutible. Se ha suprimido, por ejemplo, la EMA (education maintenance allowance), una pequeña asignación dineraria a los jóvenes de familias pobres que siguen estudiando más allá de la edad obligatoria (parecida a las becas-salario andaluzas, aunque más modesta), a la vez que han subido fuertemente las tasas académicas. Recientemente, el condado de Haringey (del que forma parte Tottenham) cerró ocho de sus trece clubs de juventud, dejando a muhos jóvenes en la calle en sus horas de ocio: un vídeo de hace una semana mostraba a varios de ellos vaticinando un aumento de la actividad de las bandas y adviertiendo de manera profética: Habrá disturbios.
En definitiva, se trata de una fórmula infalible: menos servicios sociales, más presión policial y un detonante. Por supuesto, la fórmula no es suficiente: hacen falta también los alborotadores. Pero siempre los hay, en acto y en potencia, como hay gente extremadamente pacífica y otros muchos que se inclinarán por una u otra actitud según sople el viento o, por decirlo de manera menos simple, según las opciones en presencia. Pero el trasfondo más amplio a nadie se le oculta: una juventud que se ve sin futuro en una sociedad que ofrece incontables atractivos pero los traduce en pocas oportunidades, lo que en términos inmediatos se llama abandono escolar, desempleo juvenil, dependencia familiar, pobreza... Podemos ver lo afortunada que está siendo España de que este descontento, enmarcado aquí por una crisis más profunda, tasas de paro escandalosas, niveles de abandono alarmantes, precios de la vivienda exorbitantes, proliferación de los ni-nis e imposibilidad de independizarse se haya traducido en el 15M, una revuelta política no violenta sino enfocada a cambiar constructivamente la política, la economía y la sociedad.
Esperemos que aprendan también –si es que son capaces de hacerlo- en cabeza ajena quienes no han dejado de lanzar o reclamar actuaciones policiales contundentes, desde algunos mercaderes de las plazas ocupadas, pasando por los gobiernos autónomos de Cataluña y Madrid, hasta la caverna mediática. De hecho hemos tenido la suerte de que el 15M optara desde el principio y de manera estricta por la no violencia, hasta el punto de haber sabido y podido arrastrar a esa posición, de buena o mala gana, a individuos y colectivos más amigos de las emociones fuertes, que aquí tampoco faltan. En el fondo, y aunque sus consignas sean fuertemente críticas con la economía de mercado o las instituciones y los grupos políticos, nuestros indignados creen profunda y mayoritariamente en la convivencia y en la democracia, quizá por influencia de sus padres, la generación de la transición. Haríamos mejor en escuchar sus críticas y sus propuestas, incorporándolas al debate político, y en respetar su espacio de expresión, incluida su presencia en la calle.
Los trabajadores y activistas comunitarios ingleses no se cansan ahora de repetir que están espantados pero no sorprendidos por los disturbios. Los jóvenes españoles del 15M han adoptado claramente una vía constructiva ante una situación que los acogota, pero podrían haber optado también por una vía destructiva, como lo han hecho sus coetáneos y contemporáneos britanicos. Ambas respuestas son racionales y comprensibles, aunque una sea aceptable y hasta encomiable y la otra no, pero ninguna era inevitable ni viene dictada por el clima. Aunque algunos siempre preferirán el orden o la violencia, para muchos la opción por una u otra respuesta depende de la percepción de su viabilidad y sus costes. El problema del Reino Unido es ahora apartar a esos descontentos de su respuesta desesperada ofreciéndoles oportunidades individuales y vías de participación colectivas; el de España consiste en que no terminen cansándose de no ser escuchados y pasen a prestar oídos a los voceros de desesperación y la destrucción; y el de ambos, por supuesto, regenerar la política y controlar la economía que nos han traído aquí.